Dictator Simulator: 1984 — un simulador de poder en el despacho del dictador
Todo el juego pasa en una sola mesa. Tú juegas como Gatskolka, un gobernante envejecido del país ficticio de Europa del Este llamado Gradnar, y el año es 1984. Al despacho entran por turnos ministros, generales, gente corriente y comerciantes del mercado negro. Cada uno trae una petición o una propuesta, y tú pulsas «aprobar» o «rechazar». No hay más acciones: nada de construir ni de mapa, solo una cadena de decisiones. Si te apetece justo lo contrario, construir el país con edificios y tropas, eso se hace en Forge of Empires.
Cuatro barras que no puedes dejar en cero
Cada decisión mueve cuatro indicadores: población, tesoro, poder del Estado y nivel de vida. Si uno solo baja a cero, el régimen cae y la partida termina. La trampa es que el fracaso va en dos direcciones. Las decisiones demasiado blandas llevan al derrocamiento, y las demasiado duras provocan revueltas. Por eso una sola forma de actuar no funciona: te toca alternar sobornos, concesiones y presión. Mantener varias barras a la vez también pasa en Elvenar, pero allí es un desarrollo pacífico de la ciudad, sin el riesgo de perderlo todo en un turno.
La hija y sus caprichos
Otra fuente de problemas es la hija mimada, que entra en el despacho entre visita y visita. Te pide una escuela privada de ballet, coches caros, una granja de cucarachas. No conviene rechazarla una y otra vez: entre sus exigencias absurdas a veces aparece una idea que de verdad aporta algo útil.